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Los cometas

La aparición de un cometa en el cielo ha ido acompañada desde tiempo inmemorial del misterio por el desconocimiento de su naturaleza

Cometa sobre Rotterdam

“Cometa sobre Rotterdam” (L. Verschuler, 1860)

La aparición de un cometa en el cielo ha ido acompañada desde tiempo inmemorial del misterio por el desconocimiento de su naturaleza y ha despertado en la humanidad la inquietud de que pudiera ser un signo anticipado de algún tipo de acontecimiento por lo general de carácter negativo, por lo que durante mucho tiempo los cometas fueron vistos con cierto temor.

Hoy sabemos que lejos de eso, los cometas, junto a los asteroides, meteoroides y los objetos que se encuentran más allá de la órbita de Neptuno (objetos transneptunianos) forman parte de los llamados cuerpos menores del Sistema Solar, denominación que abarca todo el amplio grupo de objetos que orbitan al Sol sin ser planetas, planetas enanos o satélites. Los cometas son cuerpos sólidos de pequeño tamaño (entre 1 y 100 km de diámetro) compuestos por una mezcla de sustancias minerales y materias volátiles congeladas como agua, monóxido y dióxido de carbono, metano, amoniaco... y también fósforo y moléculas orgánicas más complejas, como diversos aminoácidos. Ese contenido en agua y en moléculas consideradas la base química del ADN, los ha hecho candidatos de diversas teorías que postulan desde que los cometas fueron los portadores de todo el agua que hoy día existe en la Tierra, hasta que fueron los auténticos sembradores de la vida, tanto en la Tierra como en otros lugares del Universo (teoría de la panspermia).

Órbita del cometa Halley

Órbita del cometa Halley (Beokholt et al.)

 

Los cometas orbitan al Sol, como la misma Tierra, pero lo hacen con órbitas enormemente diferentes, muy excéntricas en comparación con las de los planetas (que son mucho más circulares sin dejar de ser elipses), y por lo tanto sus perihelios o puntos de la órbita más cercanos al Sol se repiten en periodos que pueden llegar a ser de muchos años, incluso cientos o miles, aunque también existen cometas de periodo corto, que tardan menos de 20 años en dar una vuelta al Sol. Sus afelios o puntos de sus órbitas más lejanos al Sol pueden situarse, en los casos de periodos largos, a distancias muy lejanas, más allá de las órbitas de los planetas exteriores, en lo que se conoce como Cinturón de Kuiper, un disco plano similar al cinturón de asteroides que está situado entre Marte y Júpiter, pero en este caso más allá de Neptuno (entre 30 y 50 Unidades Astronómicas) que contiene cometas y cuerpos menores residuales desde la formación del Sistema Solar. También pueden proceder desde mucho más lejos, en concreto desde los confines del Sistema Solar, en la Nube esférica de Oort, llena de millones de cometas y asteroides que pueden precipitarse al interior del Sistema Solar debido a perturbaciones gravitatorias. La parte más externa de la Nube de Oort puede llegar a situarse a 1 año-luz de distancia del Sol, unas 65.000 veces la distancia entre la Tierra y el astro rey.

Cinturón de Kuiper y Nube de Oort

Cinturón de Kuiper y Nube de Oort (National Schools’ Observatory)

Además de ser muy excéntricas, las órbitas de los cometas no comparten el plano de la eclíptica como sí hacen, solo con unos pocos grados de diferencia, todos los planetas, por lo que los cometas pueden penetrar en el sistema solar interior desde muy diversos ángulos con respecto a la eclíptica.

 

eyección de material volátil

La Misión Rosetta de la ESA nos mostró en 2014 la eyección de material volátil desde el núcleo del cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko

La característica principal de los cometas deriva de su composición: el contenido elevado en materias volátiles congeladas (motivo por el que a veces se les llama “bolas de hielo sucio”) hace que al acercarse a menos de 500 millones de kilómetros del Sol, estas sustancias empiecen a calentarse y volatilizarse, lo que confiere un nuevo aspecto luminoso al cometa que hasta entonces podría haber pasado casi inadvertido debido a su pequeño tamaño y a que no emite ningún tipo de luz propia. Los compuestos gaseosos eyectados desde el núcleo del cometa forman a su alrededor una esfera denominada “coma”, que a pesar del pequeño tamaño del núcleo puede llegar a tener el tamaño de un planeta. Por otra parte, el viento solar, mucho más veloz que el propio cometa, al incidir en el mismo genera una “cola” que puede desarrollarse a lo largo de millones de kilómetros, y que resulta muy visible, a veces incluso a simple vista, al ser iluminada y reflejar la luz solar. En esos casos, una gran cantidad de partículas sólidas resultan arrastradas igualmente desde el núcleo a la cola, dejando un rastro de polvo cometario a lo largo de la órbita.

Estructura típica de un cometa

Estructura típica de un cometa (Ilustración: Curiosfera)

En realidad, en los cometas se forman dos colas dirigidas en dirección opuesta al Sol y no una sola. La de polvo, que presenta una cierta curvatura relacionada con la inercia del movimiento del cometa en su órbita, y la denominada iónica que es siempre rectilínea y totalmente opuesta al Sol. Esta última se origina en las reacciones de las moléculas gaseosas de la coma con las partículas del viento solar, cargadas eléctricamente (protones, electrones y partículas alfa).

 

Podemos clasificar los cometas en función del periodo de sus órbitas, es decir el tiempo que tardan en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Los llamamos de periodo corto si éste es inferior a 20 años, de periodo medio si tiene una duración entre 20 y 200 (como el famoso cometa Halley, con un periodo de 76 años) y de periodo largo los que tardan más de 200 años entre dos acercamientos al Sol.

Las mejores imágenes obtenidas hasta la fecha de un cometa se consiguieron cuando la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea y su módulo de aterrizaje Philae, que habían sido lanzados en 2004, alcanzaron en 2014 al cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko.

La aparición de un cometa y la de un meteoro son fenómenos absolutamente diferentes entre sí. Sin embargo, pueden estar relacionados ya que muchos meteoros tienen su origen en el polvo dejado por los cometas a lo largo de sus órbitas, cuando dichas partículas de polvo penetran en la atmósfera terrestre. En la siguiente tabla se recogen sus diferencias más significativas:

Meteoros: 

*Se ven durante unos segundos

*Se mueven rápidamente en el cielo

*Atraviesan nuestra atmósfera 

*Son habituales, a diario

 

Cometas: 

*Duran en el cielo días, semanas o meses

*Parecen estáticos a simple vista

*Están a millones de km de la Tierra

*A simple vista se ven menos de uno al año