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Condiciones de observación del cielo nocturno

Se suele decir que el “accesorio” más imprescindible para que una noche de observación astronómica visual o de astrofotografía resulte realmente exitosa es... un cielo claro.

Cielo nocturno nublado

Cielo nocturno nublado (Freepik)

Se suele decir que el “accesorio” más imprescindible para que una noche de observación astronómica visual o de astrofotografía resulte realmente exitosa es... un cielo claro. Y ciertamente, la visión de un objeto débil o la captación en fotos de un planeta o de los cráteres lunares va a tener una dependencia enorme no sólo con las capacidades y calidad del equipo que empleemos sino con las condiciones atmosféricas y del entorno que nos encontremos durante las horas que le dediquemos a nuestra actividad astronómica en cada noche.

Tres son los principales parámetros a tener en cuenta:

1. Condiciones meteorológicas: principalmente nubosidad y/o aerosoles de partículas sólidas, humedad del aire, temperatura y viento.

2. Turbulencia del aire, asociada casi siempre cuando la aplicamos a la visión por telescopio al parámetro denominado “Seeing” (en inglés, simplemente “visión” o “visibilidad”). Aunque parece un término muy amplio, normalmente se usa específicamente relativo a la turbulencia, y no a otras cualidades de la atmósfera como pudiera ser la transparencia.

3. Contaminación lumínica, por cercanía de fuentes luminosas artificiales que pueden eliminar el contraste de un cielo oscuro y por ello disminuir la visibilidad de los objetos celestes.

Meteograma

Meteograma de la web de METEOBLUE con pronósticos de nubosidad entre otros

Es importante tener acceso a unos pronósticos meteorológicos lo más fiables posible en cuanto a la previsión de nubes aunque casi ninguno lo es a muchos días vista de la fecha prevista de la actividad. Podemos usar la web o la aplicación móvil de la AEMET, aunque sólo proporciona los pronósticos horarios con una antelación algo superior a las 24 horas.

 

Existen algunas páginas y aplicaciones meteorológicas que incluyen atención específica a aspectos relacionados con la observación astronómica, además de la previsión general. Entre las webs más conocidas en este terreno tenemos Meteoblue y Clear Outside, ambas con su correspondiente aplicación móvil. Entre los mapas de Meteoblue se incluye uno correspondiente a la posible presencia de aerosoles (“calimas” por intrusión de polvo africano o provocadas por incendios). Por último, únicamente con la versión móvil tenemos además Astro Panel para Android y Xasteria para iOS.

 

Mapa de Espesor Óptico de Aerosoles

Mapa de Espesor Óptico de Aerosoles (“Calimas”) de la web de METEOBLUE

 

Condensación

Condensación sobre la lente de una cámara

En cuanto a la humedad, puede afectarnos negativamente su excesiva presencia en la atmósfera, porque la hará menos transparente (siempre será más favorable para la observación un aire seco antes que uno húmedo) y en segundo lugar porque podría incluso depositarse sobre nuestros equipos de campo si la temperatura baja hasta el punto de rocío (que será más alto mientras más humedad relativa tengamos) y, en caso de que se condense sobre el objetivo de nuestro telescopio o cámara, empeorar o incluso hacer inviable la observación. Es posible luchar contra este efecto disponiendo de cintas calefactoras alrededor de los objetivos. 

Las temperaturas excesivamente bajas pueden ser un inconveniente en cuanto a la necesidad de usar calzado y abrigo suficiente, guantes, etc., que harán nuestra sesión un poco más incómoda, aunque el frío no afecta negativamente al equipo mientras no se alcancen temperaturas de congelación. En cambio, las altas temperaturas sí que pueden afectar de forma indeseada a la calidad de las imágenes tomadas en una sesión de astrofotografía debido al ruido térmico que aparece en los sensores digitales, haciendo a veces necesario el empleo de cámaras refrigeradas.

El viento es otro enemigo de la observación astronómica, debido a que la menor vibración del telescopio inducirá problemas tanto de visionado como de fotos movidas por dicha causa. En algunos casos se recurre a instalaciones de protección donde alojar el equipo y sus accesorios, de forma temporales, semipermanentes o incluso fijas.

Júpiter

Júpiter capturado con el mismo equipo en diferentes condiciones de “seeing” (Cliff Ashcaraft)

Como hemos dicho antes, los aficionados a la astronomía usamos este vocablo en inglés, ampliamente difundido, para referirnos a la mejor o peor calidad de visión inducida por la turbulencia atmosférica. Siempre nos convendrá un flujo de aire laminar, estratificado y sin mezclas entre las diferentes alturas, antes que un flujo turbulento y con cambios caóticos en movimientos, velocidades y temperaturas en el perfil vertical.

 

La atmósfera y sus turbulencias son de hecho las responsables del habitual centelleo o titilar de las estrellas. Este fenómeno se acrecienta cuando los astros están a baja altura sobre el horizonte y disminuye en el cenit, y es más palpable en las estrellas que en los planetas, por tratarse las primeras de fuentes luminosas que nos aparecen siempre como puntuales por su lejanía, mientras que a través de un telescopio sí podemos apreciar el disco circular de los planetas.

 

turbulencia

Diferentes causas de la turbulencia, de abajo arriba: calor liberado por el terreno, orografía y corriente de chorro.

Las tres causas que pueden hacer empeorar el seeing de una sesión ocurren a distintas alturas de la atmósfera: la evacuación de calor del suelo tras un día caluroso, la orografía de la zona que puede convertir en turbulento un flujo inicialmente laminar, y ya a altas cotas nos influye la corriente de chorro que funciona a escalas geográficas muy superiores a la local. A veces podemos reducir los efectos ópticos de un mal seeing mediante el empleo de filtros que dejan pasar un estrecho margen de longitudes de onda (por ejemplo filtros infrarrojos).

 

El seeing nos afecta en la capacidad de resolución o separación visual efectiva de dos objetos muy cercanos, por lo que solemos medirlo en segundos de arco (una medida de la distancia aparente entre dos objetos situados en la esfera celeste). Una cifra más baja en segundos nos indica una mejor resolución y por lo tanto un mejor seeing. Aplicaciones como Meteoblue o Clear Outside nos dan previsiones horarias del valor previsto para el seeing astronómico con varios días de antelación.

La contaminación lumínica se ha convertido en las últimas décadas en la gran enemiga de la observación astronómica y de la astrofotografía. Por desgracia, la Vía Láctea ha dejado de ser visible en el cielo nocturno de muchas áreas fuertemente iluminadas por luz artificial excesiva o mal diseñada en cuanto a posición de los puntos de luz o temperatura de color. En las ciudades o pueblos grandes se divisan hoy día muy mal las constelaciones ya que sólo son visibles las estrellas más brillantes. Las fotos nocturnas de la Tierra tomadas desde los satélites son impactantes por la cantidad de luz que se puede comprobar que emitimos hacia el espacio. Todo esto supone una gran pérdida cultural, científica e incluso económica, ya que el cielo oscuro se ha revelado como un valor más para las zonas que aún lo poseen, convirtiéndose en el factor más importante de una nueva actividad económica emergente: el astroturismo.

Las soluciones a este problema pasan por un rediseño y renovación de los equipos de iluminación, teniendo mucho que decir en este terreno los ayuntamientos, responsables de la iluminación urbana nocturna. Es necesario reducir intensidades, eliminar los haces de luz dirigidos por encima de la horizontal (mejor si se dirigen sólo hacia abajo) y elegir colores de luz cálidos que afecten menos al cielo que la luz blanca, que se dispersa más fácilmente y es mucho más difícil de filtrar.

Escala Bortle

Escala Bortle de contaminación lumínica

La escala más conocida para asignar a un emplazamiento el grado de contaminación lumínica que sufre es la llamada Escala Bortle, que va desde un valor de 1 para cielos excelentes (muy pocos ya en nuestro planeta) hasta un valor de 9 en un caso tan extremo de contaminación lumínica que no se vería a simple vista ninguna estrella de magnitud superior a 4. Pero también es frecuente medir con equipos óptico-electrónicos la luminosidad del cielo en el cenit, siendo en ese caso el parámetro utilizado la “magnitud por segundo de arco al cuadrado”. Sus valores oscilan entre los 17-18 mag/arcsec2 en grandes ciudades hasta los 21-21’80 en cielos desde aceptables hasta muy oscuros.

Podemos encontrar mapas de contaminación lumínica en webs como https://www.lightpollutionmap.info/ . También la mencionada anteriormente Clear Outside nos da la contaminación lumínica (según tablas) de la ubicación en la que vayamos a realizar nuestra actividad astronómica.

La Fundación Starlight otorga distintos tipos de certificados de calidad del cielo nocturno ya sea a áreas naturales, comarcas, alojamientos rurales, etc. Existen igualmente asociaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la lucha por la preservación del cielo nocturno, como la IDA (International Dark- Sky Association) a nivel mundial, y Cel Fosc (literalmente “cielo oscuro”) en España.